Empieza por lo esencial: qué experiencia tiene, qué prácticas le interesan realmente y cuáles no, cómo maneja el consentimiento y si usa palabras de seguridad de forma consistente. Pregunta también cómo entiende el aftercare y si está dispuesto/a a dedicarle tiempo después de una escena, porque eso revela mucho sobre su nivel de responsabilidad y cuidado. Es razonable preguntar por referencias o presencia en la comunidad si eso existe en tu entorno, y sin duda preguntar directamente qué busca en este momento —algo casual, una relación más estructurada, una dinámica continua— para evaluar si coincide con lo que tú quieres. También vale la pena preguntar cómo reacciona ante un “no” o ante que se use la palabra de seguridad: su respuesta a esa pregunta hipotética dice mucho de cómo actuaría en la práctica real. Presta atención no solo a las respuestas sino a cómo las da: con paciencia y apertura, o a la defensiva. Alguien seguro de su enfoque va a responder estas preguntas con tranquilidad, no con molestia.