Un soft limit, o límite blando, es una práctica o situación que una persona no descarta por completo, pero que aborda con cautela: quizá necesita más confianza con su pareja, más experiencia previa, o simplemente no está segura todavía de si le gustará. A diferencia del límite duro, el límite blando puede explorarse en el futuro, bajo las condiciones adecuadas y siempre con el mismo nivel de consentimiento explícito que cualquier otra práctica. Es habitual que los límites blandos cambien con el tiempo: algo que hoy genera dudas puede convertirse en algo disfrutado más adelante, o al revés, algo que antes se consideraba blando puede pasar a ser un límite duro tras una mala experiencia. Comunicar los límites blandos con la misma claridad que los duros es igual de importante, para que la pareja sepa en qué terreno puede proponer cosas nuevas y con qué nivel de cuidado debe hacerlo. Revisar periódicamente esta lista, sobre todo en relaciones de larga duración, ayuda a mantener la confianza y el consentimiento siempre actualizados.
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