La privación sensorial es una práctica BDSM que consiste en limitar o bloquear temporalmente uno o varios sentidos de una persona —normalmente la vista y a veces el oído— mediante herramientas como una venda, tapones o auriculares. Al reducir la información que el cuerpo recibe del entorno, las sensaciones restantes (el tacto, el olfato, la temperatura) se perciben de forma mucho más intensa, lo que puede generar una experiencia de mayor entrega, vulnerabilidad y conexión con la pareja. Es una de las prácticas más accesibles dentro del BDSM y suele ser uno de los primeros pasos para quienes empiezan a explorar dinámicas de control y confianza, ya que no requiere equipo especializado ni conocimientos técnicos avanzados. Aun así, exige comunicación constante: la persona con los sentidos reducidos depende completamente de su pareja para sentirse segura, por lo que se recomienda mantener contacto verbal o físico frecuente y acordar una palabra o gesto de seguridad claro antes de comenzar la escena.