La negación de orgasmo, también llamada control de orgasmo, es una práctica en la que una persona (normalmente la dominante) controla cuándo, cómo o si su pareja puede llegar al clímax, prolongando la excitación durante un periodo de tiempo determinado. Puede aplicarse durante una sola escena o extenderse durante días o semanas, según lo que ambas partes hayan negociado. El objetivo no es la frustración por sí misma, sino intensificar la sensación de anticipación, profundizar la dinámica de poder y, para muchas personas, hacer que el eventual orgasmo sea mucho más intenso. Requiere comunicación constante: la persona que recibe la negación debe poder expresar con claridad su nivel de excitación y comodidad, y quien controla debe estar atento a las señales de su pareja. Los límites de tiempo, la frecuencia de los chequeos y las palabras de seguridad se acuerdan siempre antes de comenzar. Es una de las prácticas de control más populares dentro de las dinámicas D/s por lo directamente que conecta el placer físico con la entrega de poder.