El juego de temperatura es una categoría de sensory play que utiliza el calor o el frío —como cera, cubitos de hielo, objetos metálicos enfriados o herramientas térmicas específicas— para crear contrastes sensoriales sobre la piel. La alternancia entre sensaciones frías y cálidas puede resultar sorprendentemente intensa, y muchas parejas la usan como una forma accesible de intensificar una escena sin necesidad de dolor físico directo. Al igual que otras prácticas sensoriales, su atractivo está en el contraste y en la anticipación: la persona que lo recibe no siempre sabe qué sensación llegará a continuación. La seguridad es clave: cualquier elemento usado debe estar dentro de un rango de temperatura seguro para la piel, deben evitarse zonas sensibles como el rostro y los genitales salvo experiencia previa, y conviene probar siempre primero en una zona menos sensible. Como con todo juego sensorial, se recomienda mantener comunicación abierta durante toda la escena y tener claro cómo detenerla de inmediato si algo resulta incómodo o doloroso de forma no deseada.