Totalmente normal, y de hecho es señal de que te estás tomando la experiencia en serio. El miedo o los nervios antes de una primera escena suelen mezclar varias cosas: incertidumbre sobre lo desconocido, vulnerabilidad de mostrar un deseo íntimo, y la novedad de confiar en otra persona en un contexto nuevo. Ese nerviosismo no significa que algo esté mal ni que no debas continuar; muchas personas con años de experiencia recuerdan sus primeras veces con la misma mezcla de emoción y ansiedad. Lo que ayuda a manejarlo es la preparación: hablar con tu compañero/a de antemano sobre qué va a pasar, acordar una palabra de seguridad clara, y empezar con algo de baja intensidad que puedas ajustar sobre la marcha. También ayuda recordar que puedes parar en cualquier momento, sin necesidad de justificarte. Si el miedo es tan intenso que se siente como pánico real, o si no confías genuinamente en la otra persona, esa es una señal distinta: vale la pena posponer hasta sentirte más segura/o del contexto y de con quién estás.