Sí, es completamente normal y ocurre con más frecuencia de lo que se habla abiertamente. Las escenas de BDSM pueden liberar una intensidad emocional real, no solo física, y el llanto suele ser una forma de descarga, no necesariamente una señal de malestar. A este fenómeno se le conoce como “drop” o bajón post-escena, y puede aparecer minutos u horas después, incluso cuando la experiencia fue positiva y consentida. Por eso el “aftercare” —el cuidado y la conexión después de una escena— es una parte esencial de la práctica, no un extra opcional: abrazos, agua, palabras tranquilizadoras, tiempo para volver al presente juntos. Dicho esto, si el llanto viene acompañado de angustia real, confusión sobre lo ocurrido o la sensación de que se cruzó un límite, vale la pena hablarlo abierta y honestamente con tu compañero o compañera después. La clave está en revisar juntos cómo se sintió cada parte, sin asumir automáticamente que las lágrimas significan que algo salió mal.
Glosario · Principiantes