No, y esta es una de las ideas erróneas más extendidas y dañinas sobre la práctica. La evidencia disponible no sostiene que las personas que practican BDSM tengan más historial de trauma o abuso que la población general; de hecho, varios estudios han encontrado que quienes practican BDSM de forma consensuada suelen tener niveles de bienestar psicológico comparables o incluso superiores al promedio. El BDSM consensuado se diferencia radicalmente del abuso precisamente por los elementos que lo definen: consentimiento explícito y continuo, comunicación abierta, límites acordados y la posibilidad real de detener cualquier actividad en cualquier momento. El abuso, por definición, carece de todo eso. Para algunas personas, el BDSM incluso funciona como un espacio de sanación o de recuperación de agencia sobre su propio cuerpo y deseo, siempre en un marco seguro y consentido. Dicho esto, si alguien identifica que su interés está ligado a una experiencia traumática sin resolver y eso le genera malestar, hablar con un profesional de salud mental con experiencia en sexualidad puede ser útil, no porque el BDSM sea el problema.