Muchas personas que practican BDSM lo describen así, y hay cierta base para entenderlo. Ceder el control total durante una escena, o al contrario, ejercerlo con total atención sobre otra persona, puede generar un estado mental de enfoque intenso similar al que producen otras actividades absorbentes, dejando poco espacio para las preocupaciones habituales. Algunas personas sumisas describen sensaciones parecidas al “subspace”, un estado alterado de calma y desconexión del ruido mental cotidiano que ocurre durante o después de una escena intensa. Del lado de la dominación, muchas personas describen la responsabilidad de cuidar a otra persona y el enfoque que exige como algo igualmente absorbente y liberador. Esto no significa que el BDSM sea una terapia ni un sustituto de manejo profesional del estrés crónico, pero como experiencia puntual de conexión, entrega y presencia, muchas personas sí reportan sentirse más relajadas y conectadas después de una buena escena, especialmente cuando se acompaña de un aftercare atento y sin prisa.