“Kink” es el término general que engloba cualquier interés sexual o erótico fuera de lo convencional, y el BDSM es una de las categorías más grandes y conocidas dentro de ese universo, pero no la única. El kink puede incluir fetiches de objetos, prácticas de juego de roles sin ninguna dinámica de poder, intereses sensoriales específicos, o cualquier otra preferencia fuera de la norma tradicional, tenga o no relación con dominación y sumisión. El BDSM específicamente se centra en cuatro ejes: bondage y disciplina, dominación y sumisión, y sadismo y masoquismo. Puedes tener kinks que no son BDSM en absoluto —por ejemplo, un fetiche puramente sensorial sin ningún componente de poder— y también puedes practicar BDSM sin identificarte particularmente con la palabra “kink” como etiqueta personal. En la práctica, mucha gente usa ambos términos de forma intercambiable en conversación casual, pero técnicamente el BDSM es un subconjunto específico dentro del paraguas más amplio del kink. Ninguno de los dos términos implica nada negativo: ambos describen deseos humanos válidos.