En general, sí es recomendable, sobre todo si el BDSM es una parte significativa de tu vida o de tu bienestar emocional — omitirlo puede dejar fuera contexto importante para el trabajo terapéutico. Un profesional afirmativo y bien informado no patologiza el BDSM entre adultos que consienten; lo trata como una práctica más de tu vida, igual que hablarías de tu trabajo o tus relaciones. Si no estás segura o seguro de cómo reaccionará tu terapeuta, puedes plantearlo de forma gradual, o preguntar directamente al inicio de la terapia si tiene experiencia o formación en diversidad de prácticas sexuales y relacionales. Si notas una reacción de juicio, sorpresa excesiva o intentos de 'corregirte', tienes todo el derecho a buscar otro profesional más afín. Existen directorios y comunidades que recomiendan terapeutas kink-aware. Tu bienestar mental merece un espacio donde puedas hablar con honestidad completa, sin filtrar partes importantes de quién eres.