La llamada 'regla de la puerta cerrada' es una norma común en muchos espacios y eventos BDSM: lo que sucede dentro del evento se queda dentro del evento. Esto significa no fotografiar a otras personas sin su permiso explícito, no hablar fuera del espacio sobre quién asistió o qué hizo cada persona, y no mencionar en redes sociales o conversaciones externas detalles que puedan identificar a otros asistentes. Es una norma de respeto mutuo que permite que las personas se sientan seguras explorando esta parte de su vida sin temor a que la información salga del contexto privado del evento. Si organizas o asistes a encuentros presenciales, es buena práctica confirmar de antemano qué reglas de confidencialidad aplican — algunos eventos las explicitan por escrito al llegar. Romper esta confidencialidad, aunque sea sin mala intención, puede dañar seriamente la confianza dentro de la comunidad y exponer a otras personas a riesgos reales fuera de ese espacio.