Presta atención a la especificidad y consistencia de lo que dice. Alguien con experiencia real suele hablar con matices —mencionando aprendizajes, errores propios, o cómo su enfoque ha cambiado con el tiempo— en vez de presentar un dominio absoluto y sin fisuras de todo. Frases muy genéricas, absolutas o sacadas directamente de contenido popular sobre BDSM, sin ningún detalle personal, pueden ser señal de que la experiencia es menor de lo que se presenta. Otra forma útil de evaluarlo es hacer preguntas concretas sobre seguridad: cómo maneja el consentimiento, qué hace si alguien usa la palabra de seguridad, o cómo aborda el aftercare. Una respuesta vaga, defensiva o que minimiza la importancia de estos temas es una señal de alarma mucho más relevante que la experiencia exacta en sí. En realidad, la experiencia declarada importa menos que la actitud real hacia la seguridad y el consentimiento: alguien con poca experiencia pero gran responsabilidad y cuidado es preferible a alguien con más años de práctica pero descuidado con estos principios básicos.