La negociación empieza con una conversación honesta, fuera del calor del momento, sobre qué fantasea cada persona y por qué. Es útil definir juntos: qué tipo de encuentros se permiten (solo hablar, solo mirar, encuentros completos), cuánta información se comparte después, si hay reglas sobre protección y salud sexual, y qué límites son innegociables para cada uno. También conviene acordar señales o palabras de parada que cualquiera pueda usar durante o después de un encuentro si algo no se siente bien. Es recomendable empezar despacio — fantasear en voz alta, ver contenido juntos, o dar pasos pequeños antes de un encuentro real — para calibrar cómo reacciona cada persona emocionalmente. Revisar el acuerdo después de cada experiencia es tan importante como negociarlo antes: lo que sonaba bien en teoría puede sentirse distinto en la práctica, y eso es normal. Esta dinámica no se negocia una sola vez; se renegocia constantemente a medida que la pareja aprende más sobre sí misma.