Lo más importante es elegir una palabra fácil de recordar bajo presión, que no se pueda confundir con nada que forme parte natural de la escena, y que ambas personas acuerden claramente de antemano. Por eso palabras como “no” o “para” no funcionan bien como palabra de seguridad: pueden formar parte del juego de roles y perder su función de alarma real. Muchas personas usan un sistema de semáforo sencillo: “verde” para seguir sin problema, “amarillo” para bajar la intensidad o hacer una pausa, y “rojo” para detener todo de inmediato. Otras prefieren una palabra única y memorable, algo neutro que nunca aparecería naturalmente en la conversación de la escena. Si alguna de las partes no puede hablar en ese momento —por ejemplo, con una mordaza— conviene acordar también una señal física, como dejar caer un objeto sostenido en la mano. Lo esencial no es la palabra exacta sino que ambas personas la conozcan, la recuerden y se comprometan a respetarla sin cuestionamientos quien la escuche.