Los nervios normales suelen sentirse como anticipación —mariposas en el estómago, algo de ansiedad por lo desconocido— pero no vienen acompañados de una sensación de peligro real ni de un instinto de “algo está mal aquí”. Una señal de alarma, en cambio, suele sentirse distinta: un nudo de incomodidad específico ante algo que dijo o hizo la otra persona, inconsistencias entre lo que cuenta y lo que muestra, presión para acelerar el ritmo, resistencia a hablar de consentimiento o palabras de seguridad, o simplemente una sensación persistente de que algo no encaja, aunque no sepas explicar exactamente qué. Una forma práctica de distinguirlos es preguntarte si el malestar disminuye a medida que conoces mejor a la persona y el contexto, o si se mantiene o empeora. Los nervios normales tienden a suavizarse con más información y confianza; las señales de alarma reales tienden a intensificarse cuanto más prestas atención. Confía en ese instinto: si algo se siente mal de forma persistente, tómalo en serio y aléjate sin necesidad de justificarlo ante nadie.
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